Nada los puede separar

Quico y Juana eran una pareja de casados que salió de excursión con otros amigos. Durante el trayecto reían, comentaban sobre los viejos tiempos hasta que esta pareja discutió. La mujer cogió papel y lápiz y escribió: “Quico se ha comportado de forma grosera conmigo”. Se chupó el dedo para mojarlo y comprobar hacia dónde se dirigía el viento soltando el papel que se alejó volando.

Siguieron la excursión hasta que llegó un momento en que volvieron a discutir. Quico cogió papel y lápiz y escribió: “Juana me ha faltado al respeto, habló mal de mi madre”. Se mojó el dedo y comprobando la dirección del viento, soltó el papel para que se alejara.

Llegaron a su destino, un prado precioso con un lugar para acampar. Todos se acercaron a la hoguera y comenzaron a contar historias de su juventud. Cuando le tocó el turno a Juana, contó como se conocieron, que llevaban más de treinta años juntos, cómo habían superado los problemas de la vida y que a pesar de los años, estaban más unidos que nunca. Mientras tanto, Quico escuchaba muy atento cada palabra que decía su mujer y al mismo tiempo, con una rama que sacaba del fuego, dibujaba en una madera un círculo y dentro le pintaba dos puntos.

Un amigo curioso con la forma de actuar de Quico y Juana les preguntó. ¿Qué es eso del papel, que cada vez que hay discusión escribes y lo tiras al viento? Y ¿Por qué ahora lo haces en la madera?

Quico le contestó.- Cuando discutimos lo lanzamos al viento para que se aleje y no se guarde en el “Rencor”, que es un veneno que te mata poco a poco y acaba por separar hasta los que más se aman. Ahora estoy gravando en fuego la historia de los dos, encerrada en el círculo para que no se pueda separar y forme parte del fuego del corazón; en una madera que el viento no se pueda llevar y el día que esto desaparezca, será porque la madera acabará su vida y los gusanos se la coman, como en nuestras vidas.

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