Dar vida a cada instante

Habían pasado dos años de entrenamiento y seguía llegando el último. Los compañeros siempre llegaban a la meta de los primeros, en cambio Elías legaba siempre tarde, es más, durante la carrera tenía que parar y descansar, la gente, sobre todo los ancianos que se sentaban en la calle para verles correr, le solían colocar una silla para que se sentara y recuperara el aliento. Mientras bebía agua y se recuperaba los ancianos le preguntaban sobre sus cosas, su familia, su ciudad; respondía con preguntas similares sobre sus hijos y nietos. Cuando pasaba el era todo un sow, “Ya viene Elías”, “El pobre no da más de sí”, “Pero le pone empeño al asunto”, “ Menos mal que los abuelos le dan agua y asiento al pobre”…

Al cabo de un tiempo, ya todos los ancianos de la zona lo conocían, en cada carrera se escuchaba “Elías, hay agua fresca y una silla para ti”, “ Ya llega Elías”.

Un día Elías decide tirar la toalla y se acercó a las oficinas para hablar con el entrenador.

Elías:- Mire, yo creo que debo retirarme de las carreras y buscar otra cosa que me vaya mejor, soy un desastre y no valgo para esto. De hecho no entiendo como usted me permite seguir compitiendo con lo malo que soy.

Entrenador.- Estás muy equivocado, tú vales mucho; vales mucho más que muchos de los que admiras por que llegan los primeros.  En cada carrera ellos sólo entretienen pero no dan nada, en cambio tú das vida a quienes te siguen, esos a los que la sociedad y la familia han apartado, tú les das vida cuando les das atención, les haces útiles cuando te esperan con el agua y la silla, les das esperanza cuando vuelves cada vez, aunque no ganes. Haces florecer ese camino que otros sólo pisan, por que el éxito verdadero no es pasar más deprisa y llegar antes, sino, dar vida a cada instante. Nadie se acuerda de los que pasaron tan deprisa, pero todos se acuerdan de Elías. Tu carrera no es con los demás, que esa la pierdes siempre, la tuya es con la vida, que esa ya la ganaste hace mucho tiempo.

Francisco Pericás Álvarez

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