Daño irreparable

El discípulo estaba celoso de los compañeros más avanzados o que tenían mejores habilidades para aprender. Contaminó las mentes de los alumnos más mediocres para que pensaran como el, creado un complot que destruyera lo creado hasta ese momento . Llego el día que con difamaciones y artimañas consiguieron destruir la armonía de la escuela, ya nunca podrían los más avanzados saber más que el, había destruido a la escuela y la reputación del Maestro.

Pasados los años y con la experiencia de la vida, se dio cuenta del daño que había creado a su Maestro, a la escuela y a sus compañeros.

Fue en busca del Maestro y le expresó su malestar y arrepentimiento por el daño que había hecho.

Discípulo.- Maestro, dígame cómo puedo reparar todo el daño que hice a mis compañeros, a la escuela y a usted.

Maestro.- No te preocupes, coge todos esos papeles y este lápiz, vete a la fuente del manantial, escribe en cada papel una mentira que dijiste o alguna mala cosa que hiciste. Haces un barquito con cada uno y lo vas soltando en el agua. No te preocupes que es papel de aceite y no se destruye con el agua, llegarán muy lejos.  Recuerda que el manantial tiene ramificaciones hasta que llega al mar. Ese es el primer paso que debes cumplir.

Salió como un rayo y al llegar a la fuente se sentó y comenzó a recomponer en su mente cada paso que había dado y que escribía en cada papel: Escribía, les enseña más a ellos que a mí, hacía el barquito y lo soltaba en el agua. Y así siguió hasta acabar los papeles.

Estaba contento porque había solucionado el problema.

Al llegar a la casa del Maestro le preguntó.- ¿Ya se ha solucionado todo el mal que cometí?  

Maestro.- No, sólo has realizado el primer paso, que es el más sencillo, te falta el segundo y más importante.

Discípulo.- ¿Cual es ese segundo paso tan importante?, ¡lo hago ahora mismo!.

Maestro.- Ahora, si quieres eliminar cada daño que has creado, debes buscar y recoger cada barco y destruirlo.

Discípulo.- Pero Maestro, eso es imposible, no podré eliminarlos todos. Muchos de ellos no se sabe dónde han podido llegar. Algunos estarán atascados en rincones que no se ven a primera vista, aunque sigan estando allí.

Maestro.- Igual han hecho tus palabras en su día, han viajado de boca en boca y ahora es imposible eliminarlas. El daño hecho, hecho está para siempre y aunque lo hicieras en unos días, no podrás eliminarlo aunque dedicaras toda una vida.

Francisco Pericás Álvarez

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